Yo ya escribía cuentos de escorpiones y arañas cuando tú llegaste.
No te engañes pensando lo contrario, no te sirve de nada. Quizás el secreto de tu mente es que realmente tú tampoco sabes qué es lo que pasa con tu mente. Y en estos momentos se me antoja volverme repetitiva y decirte que me encantaría abrir tu mente, levemente; mirarte de frente, gritar "qué buena suerte", dejar de estar ausente, hablarte del horizonte. Decirte que no ha cambiado, que aunque lo habías abandonado no se sintió desesperanzado, que yo ya había llorado por haberlo contemplado, que había perdido su belleza al sentirse desolado. Que había una fiebre de alegría espontánea a partir del medio día, porque la sonrisa de la Luna prometía que regresaría. Porque aquí seguía, porque no se iría. Porque no sabía que todo era mentira.
Yo ya hacía rimas sin sentido antes de que te fueras, antes de que dijeras tantas cosas que al estar expuestas al mal tiempo, se pusieron enfermas. Yo ya era yo, yo ya existía, yo ya había llegado aquí antes de que conquistaras estas tierras; yo ya estaba aquí antes de que me expulsaras, yo ya estaba aquí antes de que me mataras.
sábado, 5 de septiembre de 2015
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