Me estás matando.
Te convertiste en un collage de mis peores recuerdos.
Te robaste un poco de aquí, un poco de allá, lo mezclaste y lo serviste en un vaso que me obligaste a tomar. Me dejaste afuera en plena tormenta.
Me cansé de gritarte y tratar de convencerte de que me dejaras entrar.
Me harté de mendigar tu amor, de mendigar tus besos, de rogarte por un poco de atención. La carrera se acabó y quedé en último lugar.
En mi cabeza alguien llora y grita, golpea todas las paredes, rompe todo lo que encuentra a su paso. Ayer parece estar un siglo atrás y la costumbre me castiga. Me arranca recuerdos, borra sonrisas, roba lágrimas.
Una a una se van, una a una desaparecen todas las sonrisas que me regalaste.
Aunque quiero creer que también se van las que yo te regalé.
Huyes y me dejas atrás, corres sin voltear, te vas sin preguntar. Respiro hondo y siento el interior de mi cuerpo lleno de navajas, lleno de heridas, me duele, me hiere, me lastimas.
Me duele vivir, me duele seguir. Me duele verte tan decidida y me duele verte la espalda.
Secuestraste un pedazo de mi felicidad. Me dejaste todo a la mitad: la cama, las ideas, los planes, el desayuno, el alma y el corazón.
jueves, 12 de noviembre de 2015
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